Comprar un inmueble en una subasta era, hasta hace muy poco tiempo,
algo reservado a una serie de personas que tenían relación y contacto
con determinados círculos que, en connivencia incluso con la propia
administración, copaban todo ese tipo de subastas y que recibían el
nombre de subasteros.
Lo cierto es que cuando se aprueba
la nueva
ley que se aplica a las subastas judiciales, muchos de estos problemas
se solucionan y se
dota de mayor claridad y transparencia a un
procedimiento del cual se pueden llegar a aprovechar muchas personas.
No
obstante, es cierto que aun hay que luchar por borrar ese mito de la
mente de la mayoría de la población. No podemos olvidar que comprar un
inmueble en una subasta no deja de ser una forma un tanto atípica de
adquirir una propiedad.
El motivo por el que una vivienda puede
llegar a ser subastada es muy variado, encontramos por ejemplo viviendas
procedentes de impagos de hipotecas, desavenencias entre propietarios,
deudas fiscales, etc. El caso es que por cualquier tipo de problema
puede acabar en los tribunales y la vivienda objeto del mismo en una
subasta judicial.
Una vez nos hemos decidido participar en una
subasta judicial para poder adquirir una propiedad a unas condiciones de
precio más ventajosas que las que ofrece el mercado inmobiliario,
es
conveniente que tengamos en cuenta una serie de precauciones para salir
de la experiencia con éxito.
En primer lugar conviene estar muy
bien enterado de todos los bienes que salen a subasta para poder elegir
el que nos interesa. Evidentemente antes de pujar tenemos que saber que
existe la subasta y que sale a la venta un bien de las características
que buscamos.
Una buena forma de conseguir esta información es a
través de internet, concretamente de la página Publica Subasta
(
http://www.publicasubasta.com) que nos ofrece la posibilidad de hacer
búsquedas gratuitas en función de criterios específicos. También nos da
la oportunidad de acceder a un servicio de pago a través del cual nos
informarán de las propiedades que salen a subasta y que cumplen las
condiciones especificadas por nosotros.
El segundo paso que
podemos dar, una vez localizado el inmueble, es obtener toda la
información sobre el mismo e incluso visitarlo. Es posible que si el
ocupante del mismo es el demandado, esté interesado en venderlo antes de
que tenga lugar la subasta. Además la visita es fundamental para poder
discernir realmente si merece la pena pujar o no por la propiedad.
Posteriormente
resulta oportuno consultar en el registro de la propiedad para analizar
las posibles cargas que pueda tener el inmueble. La posibilidad de
obtener una copia simple de cualquier bien que deseemos, por medio de un
registrador de la propiedad, a unos precios mínimos, aconsejan la
petición para todos aquellos bienes que estemos pensando en adquirir.
A
través del procedimiento anterior podremos descartar aquellos inmuebles
con una situación legal un tanto difusa. No obstante siempre podemos
optar por acudir a un asesor que nos guíe en el proceso y nos explique
la conveniencia o no de optar por dicho inmueble.
Una vez elegido
el inmueble debemos conseguir la financiación para el mismo. En este
sentido si el inmueble que nos interesa procede de un embargo
hipotecario, es posible que el propio banco acreedor esté dispuesto a
darnos la financiación para la adquisición del mismo en unas condiciones
ventajosas.
Por último una vez aclarados todos esos términos,
tendremos que realizar la fianza previa y acudir a pujar el día de la
subasta. Esta fianza se consigna en metálico o por aval bancario y es
devuelta a todos aquellos que no ganan la puja.
El último aspecto
a tener en cuenta es que para participar en la subasta tendremos que
alcanzar un porcentaje determinado para que el bien se nos adjudique en
remate o bien pujar por un porcentaje menor y esperar que la falta de
interés de otras personas, del deudor o del acreedor, puedan hacer que
el bien nos sea adjudicado.